domingo, 5 de abril de 2009

Mozart, La Incertidumbre De Sus Restos

El 15 de diciembre de 1791, a la una de la madrugada, se extinguía en Viena la vida de uno de los mayores compositores de todos los tiempos, Wolfgang Amadeus Mozart.


El que en otros tiempos fuera uno de los músicos más admirados de la capital austríaca, y el primero en abandonar las comodidades del trabajo en una corte aristocrática al servicio de un patrón para arriesgarse a vivir única y exclusivamente de su arte, fallecía en la más absoluta miseria, con tan sólo 35 años, posiblemente como consecuencia de un fallo renal motivado por un episodio agudo de fiebres reumáticas, dejando tan sólo sesenta florines que no daban ni para un ataúd individual.


Enterrado una fría y lluviosa mañana en una fosa común del pequeño cementerio de Sankt Marx, en las afueras de Viena. Sus familiares sólo lo acompañaron un trecho del trayecto del cortejo que trasladó sus restos desde la catedral de San Esteban al cementerio de Saint Marx, donde el cadáver del compositor sería inhumado, con la única presencia en el lugar de los enterradores, en una fosa común donde cabían 16 cuerpos pues en aquella época estaban prohibidos los entierros en las iglesias por el olor insoportable que exhalaban los numerosos cadáveres depositados en las criptas en condiciones higiénicas deficientes.
No quedó señal alguna del lugar donde fueron a parar sus restos.

Solamente había un testigo del sitio, el hijo del guardián del cementerio, quién años más tarde, cuando la fosa fue removida para albergar nuevos cuerpos, aprovechó para recuperar el cráneo del músico, aunque no se sabe dónde se conservó hasta 1842, cuando se hizo con él un grabador llamado Jakob Hyrtl. El grabador lo legó en 1868 a su hermano Joseph, un profesor de Anatomía que a su vez se lo mostró a su compañero de estudios Ludwig August Frankl, primer autor de una descripción documental detallada de la calavera. Hyrtl donó después el cráneo a la ciudad de Salzburgo, pero la valiosa reliquia desapareció poco después y no llegó a la ciudad natal de Mozart hasta 1902 dónde puede verse en la fundación de Mozarteum. Desde entonces ha sido objeto de investigaciones en numerosas ocasiones.

Coincidiendo con el 250 aniversario de su nacimiento, la ardua labor de analizar el ACN de este cráneo y el de algunos restos de los familiares directos del Mozart, entre otros los de su padre Leopold y su hermana Nannerl, una sobrina de Mozart, Jeanette, y a la abuela materna de ésta, Euphrosina Pertl para demostrar su autenticidad, discutida desde la misma fecha de su hallazgo. Además, la información genética extraída de dos pelos que supuestamente pertenecieron a Mozart también resultó ser distinta en cada una de las muestras capilares y no coincide ni con las pruebas a que fue sometido el cráneo ni tampoco a los restos de las presuntas parientes del compositor.


De esta forma, se dispone de cinco pruebas de ADN que ofrecen distintos resultados los datos genéticos de la supuesta sobrina y la abuela, los provenientes de lo dientes del cráneo atribuido al compositor y los de las muestras capilares procedentes de dos mechones conservados en la Fundación Mozarteum.


La incertidumbre sobre la autenticidad de la supuesta calavera de Mozart es ya centenaria y tiene mucho que ver con las circunstancias de su fallecimiento, y el entierro sin testigos familiares de los restos del maestro.


Datos: Terra Actualidad

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