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La Desaparición Del Juez Crater


El juez Joseph Crater salió la noche del 6 de agosto de 1930 de un elegante club nocturno de Nueva York acompañado de una bella corista y detuvo un taxi. Se despidió de la joven con un “hasta mañana”, pero ese “mañana”, para el juez Crater no llegó nunca. A partir del momento en que subió en el taxi no se le volvió a ver y a saberse nada de él. Su desaparición fue tan misteriosa como desconcertante, y se dio en unas circunstancias políticamente escandalosas en Norteamérica.

Joseph Crater era un juez asociado al Estado de Nueva York de la Corte Suprema en 1930, (algunos pensaban que fue nombrado para el tribunal debido a su implicación con cierta organización Democrática), que tenía tras de sí una historia de escándalos ocultos, algunos de ellos relacionados con miembros del crimen organizado y algunas relaciones financieras sospechosas.
A pesar de ser un pilar de la sociedad le gustaba la compañía de truhanes.
Creía fielmente en la santidad de la ley, pero a la vez participaba en los asuntos más corruptos. Había sido profesor de Derecho de la Universidad de Nueva York, pero quería ser rico. Además era también un sentimental hombre de familia, y un empedernido mujeriego.

En 1917 se casó con una ex clienta suya, Stella Mance Wheeler, después de su divorcio. José y Stella residían en su casa de verano en Belgrado Lagos, Maine.

En 1929 actuó como hombre de paja cuando el quebrado Libbi Hotel fue vendido a una compañía financiera por 75.000 dólares. Seis semanas más tarde el hotel fue revendido a la ciudad de nueva York, para ser demolido según un plan de ampliación de calles. El precio fue de 2.800.000 dólares. Muchos miembros de la administración, incluido Crater, ganaron una gran cantidad de dinero.

En 1930 llevaba una vida opulenta. Su buena suerte Aumentó cuando el gobernador del estado de Nueva York lo nombró Juez del Tribunal Supremo de la ciudad. Crater había conseguido su objetivo: ser rico y poderoso. Pero la tarde del 2 de agosto de 1930, ocurrió algo que amenazó su cómoda vida.
Estaba de veraneo con su esposa en su casa de Maine cuando recibió una misteriosa llamada telefónica que hizo que el juez volviese a toda prisa a Nueva York, según dijo a su esposa, para arreglar cuentas con algunos tipos, prometiéndole además volver para su cumpleaños, una semana después. Ella no volvió a verle.
El seis de agosto, en Nueva York extendió dos cheques por un total de 4.100 dólares y envió a su ayudante, Joe Mara al banco para hacerlos efectivos. Cuando Mara regresó del banco, Crater había llenado cuatro grandes carpetas y dos carteras con documentos tomados de los archivos de su despacho. Dijo a Mara que se iba “en dirección Westchester por unos días”.
Sin embargo, aquella tarde volvió a su club nocturno favorito, pero después de tomar unas copas con la corista, se marchó diciendo que iba al teatro. Fue la última vez que fue visto.


Aunque parezca extraño pasaron cuatro semanas y un día, antes de que se diera por desaparecido a uno de los jueces más conocidos de la ciudad. Tanto sus amigos como sus enemigos, aterrorizados por la idea de un escándalo en el que podían verse implicados, trataron de echar tierra sobre el asunto. El fiscal del distrito de Manhattan, estaba ansioso por interrogar a la señora Crater, pero ella se negó a hablar y los políticamente correctos amigos del juez la mantuvieron a buen recaudo.
El caso desencadenó una de las búsquedas más sensacionales del siglo 20. Pronto llegaron de todo el mundo informaciones de personas que pretendían haberle visto. Los investigadores siguieron la pista en todo el país y en el mundo de más de 16.000, todos ellos infundados.

En 1939 fue declarado legalmente muerto, pero aún así la desaparición de Crater continuó intrigando a detectives profesionales y de café, videntes y aficionados de los misterios en todo el planeta.

En 1955, una fotografía de Crater fue mostrada al clarividente holandés Gerard Croiset. Este declaró que el juez había sido asesinado en la planta baja de una casa de campo, cerca del Brons, Nueva York, y su cadáver enterrado en el jardín.
Es curioso que sólo había una de tales casas en la zona, y que en los tiempos de Crater, había sido empleada por funcionarios de la ciudad para citas secretas con sus amigas. Los investigadores descubrieron que el ahora difunto propietario de la casa, había declarado antaño que, en la mañana del 10 de agosto de 1930, había encontrado la cocina cubierta de sangre, pero que no se halló rastro del cadáver.

Aunque en 1939, el caso fue archivado dentro de Personas Desaparecidas, no fue hasta 1979 cuando se archivó definitivamente.
Pero el 19 de agosto de 2005, el juez cráter volvió a la actualidad cuando los funcionarios de policía anunciaron que estaban en posesión de ciertos documentos dejados por una mujer llamada Stella Ferrucci-Good of Bellerose, que murió el 2 de abril, dejando atrás lo que podía ser la clave para la solución del misterio.
Se trataba de una carta manuscrita en un sobre con las palabras "No abrir sino después de mi muerte" que su nieta, Barbara O'Brien, encontró en una caja de metal en casa de su abuela.
En la carta, Ferruci-Good afirma que su difunto marido, Robert Good, junto con un policía del NYPD llamado Charles Burns, y su hermano taxista, Frank Burns, fueron los responsables de la muerte de Crater.
Informaba además que el juez estaba enterrado en Coney Island, debajo del paseo marítimo cerca de la West Eighth Street, el sitio actual del Acuario de Nueva York, lugar en cual, durante su construcción, se descubrieron cinco cadáveres.
La caja de metal también contenía amarillentos recortes de prensa sobre la desaparición de Crater, con apuntes garabateados en los márgenes.

Sin embargo, nada de esto puede confirmarse, puesto que en los informes policiales sobre las obras efectuadas durante la construcción del acuario, no incluyen los informes de los restos óseos allí encontrados.

La desaparición del Juez Joseph Crater sigue, al día de hoy, siendo un misterio.

Bibliografía:  
*Grandes crímenes sin resolver - Nigel Blundell
*Hemeroteca New York Time

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