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miércoles

El Duende Del Esparto

Aunque este es uno de los expedientes X del territorio español más conocido, merece la pena ser vuelto a tener en cuenta por ser el primero registrado en la historia de los fenómenos paranormales de España.
Fue registrado a mitad de la segunda década del pasado siglo XX, en la ciudad de Valencia.

En el mes de mayo de 1915, los vecinos que vivían en el entresuelo del número 7 de la Plaza del Esparto de Valencia, la familia Colmenero, un militar retirado y sus dos hijas, llevaban sin dormir dos noches consecutivas debido a los ruidos nocturnos que se producían en el edificio, aunque los ruidos en cuestión no se limitaban solamente a las noche: también se producían por las mañanas y a últimas horas de la tarde.
Creyendo que los causantes de los mismos eran los inquilinos del principal, tomaron el camino de quejarse a los mismos. La sorpresa fue mayúscula cuando éstos aseveraron que no eran ellos los responsables, declarando además que también eran molestados por extraños ruidos, aunque más atenuados. Y efectivamente así ocurría en el segundo y en la planta baja, amén de los edificios colindantes.
Los ruidos, que parecían no tener punto fijo de procedencia, entraron en el radio del misterio, y para algunos, en el orden sobrenatural, haciendo que los vecinos comenzaran a atemorizarse.

Fachada de la casa misteriosa de la calle del Esparto nº 7


En la primera semana del mes de Junio la situación tomó tintes de alarma haciéndose insostenible, por lo que las autoridades (Jueces, policías, arquitectos, y hasta el gobernador civil, Montilla y el juez municipal García Mustieles), prescindiendo de mitos y atentos al mundo físico, practicaron, un espectacular despliegue. Se acordonó la zona y se hicieron inspecciones oculares, interrogatorios y registros por todo el inmueble al frente de unos cuarenta agentes de policía.
Sin embargo las investigaciones no dieron ningún tipo de resultado, y los funcionarios gubernativos intentaron cerrar el caso con la siguiente explicación:

“A las diez de la noche comenzaron los ruidos. Estos eran más perceptibles en los tabiques ligeros que en las paredes llamadas vulgarmente, maestras”.
El Gobernador Civil también explicó a la prensa:
“He aquí la causa: dos camas, un armario que antes no lo era en una pared mediera que divide dos casas, un tabique vibrante o que debe vibrar. Todo esto produce los ruidos. Los produce seguramente”.

Pero los fenómenos se siguieron produciendo. Los estruendos surgían del hogar de los Colmeneros y posteriormente, se desplazaban a las paredes de la escalera y continuaban por las vigas del edificio y expandiéndose a otros inmuebles, creando en los inquilinos cada vez más desconcierto y temor.
Como consecuencia se tomaron las correspondientes medidas preventivas que no condujeron más que a dar publicidad al caso, exaltando una intensa curiosidad.
Debido a ello la gente, enterada por la prensa, acudía en romería a la guarida de lo que ya se denominada “El Duende del Esparto”, con el intenso deseo de verle y de hablar con él.
La muchedumbre se agolpaba en la plazoleta y en las calles adyacentes de Quartm Alta y travesía de San Miguel, produciéndose a veces verdaderas batallas campales con cargas policiales incluidas, en las que resultaban heridos tanto espectadores como policías. Los incidentes se estaban convirtiendo en la vergüenza de la ciudad y de las portadas de los rotativos, en las que se dictaminaba que los espíritus maléficos eran los responsables de todos estos desagradables episodios.

Interior de la casa misteriosa. La "x" señala el lugar del que proceden los ruídos.

Indiferente a la expectación que estaba produciendo, el duende doméstico, más travieso cada vez, daba golpes que parecían acompañar la tonadilla lanzada por los curiosos “¡Que se vaya!”, acabando con un enérgico repique para volver a empezar a los pocos segundos.
Indudablemente los ruidos existían. Unas veces parecían puñetazos que hacían vibrar las paredes y otras resultaban como el golpear constante de cascos de caballos sobre el firme de la cuadra, produciendo varias trepidaciones en los edificios.
Las explicaciones que la gente daba a estos hechos iban en distintas direcciones, desde una provocación para que se marchasen los inquilinos, hasta un secuestro o el repiqueteo de una falsa fábrica de monedas. Otras de las versiones era la de que se trataba de un alma del purgatorio que necesitaba misas, o el supuesto maleficio de seres intermedios entre el espíritu y el hombre, es decir, duendes.
Pero “El Duende del Esparto” en cuestión, no hacía daño ni a niños ni a doncellas, ni pretendía hacer daño, sino que simplemente se dedicaba a tocar el bombo en la pared.
La parte humana de la opinión pública por lo general, apuntaba a que era obra de un chusco, un neurasténico o un malvado. No obstante, la gente seguía acudiendo con avidez, porque resultaba un espectáculo gratuito y fecundo en incidentes cómicos, independientemente de que también había sustos en los enfrentamientos con las fuerzas públicas.

La policia haciendo circular al público que se estaciona en el nº 7 de la calle del Esparto

No sin sorpresa se comprobó que, tanto en la catedral como en las iglesias cercanas, aumentaban diariamente el número de feligreses en las misas de cada día. Incluso se llegaron a realizar ceremonias religiosas, encargadas por las beatas, con el fin de cumplir la voluntad del supuesto difunto a quien algunos atribuían las extrañas manifestaciones, pues no faltaba quien suponía que todo aquello era una señal de las ánimas del Purgatorio.
La presión social iba en aumento de tal modo, que el Ayuntamiento volvió a realizar registros en las calles adyacentes al lugar en donde se producían los ruidos.
El 8 de julio de 1915 se cortó el acceso peatonal y los tabiques del inmueble número siete de la calle del Esparto y las casas lindantes del barrio del Carmen fueron minuciosamente escrutadas. Se colocaron micrófonos para intentar verificar en qué punto concreto empezaban los ruidos. El ingeniero de la comisión revisó concienzudamente el alcantarillado y los pozos, desde la calle de Salinas hasta la de Caballeros, además de la calle Alta, sin encontrar ninguna pista. Todo fue inútil.
No se encontró nada que pudiera relacionarse con el origen de los raps que desde el 8 de junio se venían produciendo, provocando un gran desconcierto.

Y de repente, el 13 de julio de 1915, el fenómeno que tan en vilo había traído a toda Valencia y gran parte de España, desaparecía tan misteriosamente como había aparecido.

Al día de hoy sigue sin conocerse qué o quiénes fueron los causantes del poltergeits de la casa número siete de la plaza del Esparto.

Fuentes de Datos:
*Hemeroteca Virtual Prensa Histórica :
(El Heraldo de Madrid – Mayo 1915, La Correspondencia Militar, 8 de Julio de 1915 – Mundo Gráfico, Julio 1915)
*La casa de tócame Roque – Casas Encantadas – Francisco Contreras Gil

jueves

El Refugio-Cuartel De Cerler

( Refugio-cuartel de Cerler - Imagen de Sonytch )

En el verano de 1992, los soldados destinados en el refugio-cuartel de Cerler, situado en el Valle de Benasque (Huesca), comenzaron a notar una serie de alteraciones ambientales en el cuartel que los sorprendía y a la vez atemorizaba, tales como misteriosas sombras que desaparecían a mirarlas, sonidos de pisadas sin que nadie las produjera, objetos que se caían solo, taquillas que se abrían y cerraban, o repentinos apagones de luz sin causa ni explicación. Los reclutas y soldados que se hallaban destinados en dicho cuartel en aquellas fechas, empezaron a preocuparse, y pronto comenzó a correr las habladurías de que allí se estaban produciendo fenómenos extraños.
Muchos comenzaron a relacionar estas incidencias con la noticia que recogió la prensa del martes 12 de Marzo de 1991:

"Cinco militares muertos y otros cuatro desaparecidos por una avalancha de nieve

Accidente de una compañía de esquiadores en el Pirineo aragonés
El Pais, J. ORTEGA / LL. VISA, - Zaragoza / Lérida - 12/03/1991

Al menos cinco militares -un teniente, dos cabos y dos soldados- perdieron ayer la vida en el Pirineo aragonés y otros cuatro permanecen desaparecidos al quedar sepultados por un alud de nieve mientras realizaban unas maniobras de alta montaña. Un sargento y un soldado fueron rescatados con vida y trasladados en helicóptero a la cercana población de Benasque (Huesca), donde se les dio el alta tras ser atendidos de heridas leves en el centro local de la Cruz Roja.

Alrededor de las once de la mañana de ayer, un alud de nieve arrolló a 11 militares mientras se encontraban realizando unas maniobras en el paraje montañoso conocido como Tuca de la Paderna, a unos 2.900 metros de altitud, en el término municipal de Benasque, situado entre el macizo de la Madaleta y el pico del Aneto, en el Pirineo aragonés. En el accidente fallecieron el teniente Álvaro Fernández González; el cabo primero Dorado Díaz; el cabo Pozuelo González; y los soldados Rodríguez González y Pérez Mendiguren, según informa Efe, citando fuentes militares, quienes indicaron que los cuatro primeros pertenecen al armas de Artillería y el último, a Infantería. Los militares que resultaron atrapados por la nieve pertenecían a la compañía de escaladores y esquiadores del Regimiento Valladolid 65, con guarnición en Barbastro (Huesca), a la que se habían agregado para los ejercicios dos secciones del Batallón de Ingenieros 42 y de Artillería de Campaña de Huesca. La unidad estaba compuesta por un total de 150 hombres y había llegado el pasado domingo a la zona para realizar unas maniobras de supervivencia en alta montaña, denominadas "vida y movimiento invernal", posteriores a una fase práctica de esquí.

Fuentes militares señalaron que el alud alcanzó a personal de infantería y de artillería que estaba realizando una marcha entre Alba y Tuca, siguiendo uno de los itinerarios programados en las maniobras. Miembros de la Guardia Civil de Benasque cifraron en once el número de militares afectados por la avalancha de nieve.
Nada más conocerse el suceso se iniciaron las tareas de rescate, en las que participaron tres decenas de personas, pertenecientes al servicio de rescate de la Guardia Civil de Huesca, apoyados por un helicóptero y perros avalancha, con base en Jaca, Boltaña y Benasque; miembros de las Fuerzas Armadas, bomberos de la Generalitat de Cataluña y componentes de Protección Civil de Benasque, con el alcalde de la localidad al frente.
Rescate
Las tareas de rescate, en las que se emplearon sondas detectoras, resultaron laboriosas dado lo escarpado de la zona, donde sólo se podía acceder mediante el helicóptero de la Guardia Civil o escalando. Los cadáveres de los cinco fallecidos fueron hallados escalonadamente a lo largo de la mañana y la tarde y trasladados en helicóptero al cuartel de la Guardia Civil de Benasque. También fueron rescatados con vida un sargento y un soldado, a los que se trasladó en helicóptero a Benasque, donde fueron dados de alta tras ser atendidos en el centro de la Cruz Roja de las diversas magulladuras que sufrieron. A última hora de la tarde se suspendieron las labores de rescate por la falta de visibilidad. Informa Europa Press."

A pesar de que el Servicio de Protección Civil había advertido del riesgo de aludes, 193 hombres de la Compañía de Esquiadores del Batallón de Cazadores de Alta Montaña III/65 de Barbastro partían a las cinco de la mañana en una expedición comandada por el capitán Luis Sivera a realizar un ejercicio práctico de “vida y movimiento invernal”. El resultado ya lo conocemos.

  (El diario ABC del día 12-3-1991 se hacía eco de la noticia)
 
Los cuerpos de los fallecidos rescatados fueron trasladados al Refugio-cuartel de Cerler, y situada la capilla ardiente en los secaderos de dicho cuartel, para posteriormente celebrarse el funeral de los mismos. 


(Diario ABC 13-3-1991)


Y es precisamente en este secadero dónde más fenómenos extraños se manifestaban.
Los testigos de dichos sucesos declinaban hacer declaraciones sobre los mismos, aunque alguno declaró “no puedo contar nada. Me dijeron que me callara.”

Los fenómenos se producían con mayor intensidad en el secadero donde se depositaron los cadáveres y en la sala contigua, lugar en el que se alojaban los dormitorios de los soldados en determinadas épocas, especialmente durante las maniobras.
Aquellos sucesos los tenían a todos desorientados.

El Diario del AltoAragón se hizo eco el 28 de septiembre de la noticia, confirmada por “fuentes militares”, publicando las contrariedades con las que tenían que vérselas a diario los soldados allí destinados. Sin embargo horas más tardes fueron desmentidas por las mismas fuentes, afirmando que tan solo se trataba de bromas y novatadas entre reclutas.
El Gobierno Militar de Huesca envió un comunicado al Heraldo de Aragón, que se publicó el 29 de septiembre de 1992, en el que se afirmaba:

“El Ejército niega hechos paranormales en Cerler”. El comandante Espinosa comentaba al “Diario del Altoaragón” que “no hay ninguna historia de sucesos paranormales en este cuartel, ni mucho menos que el general haya solicitado la ayuda de ningún parapsicólogo, ni nadie que estudie estos fenómenos, por la sencilla razón de que allí no pasa nada, la vida es normal y corriente, como siempre. Me gustaría saber de dónde ha salido toda esta historia”.
También ese mismo día, un suboficial destinado en ese cuartel declaraba al Heraldo que “en el refugio suceden cosas extrañas, como apagones repentinos, ruidos en las taquillas y otros fenómenos. Yo no he visto nada, sólo sé lo que me han contado algunos soldados, pero desde luego algo pasa”. 

Años después, Oscar Blasco Calvo hacía las siguientes declaraciones a Mundo Misterioso:
"Aquella noche me tocaba guardia. Serían las dos o las tres de la madrugada. Estaba enfrente de la garita y tenía frío. Había un puerta con un candado que sonaba mucho, supongo que por el viento, ¿no?, me imagino. Bueno, y desde la garita yo veía "peña" ahí, en la montaña. Y tenía el cetme montado y con el cargador puesto, del miedo que tenía. O sea, allí no tenía que haber nadie, y arriba en el monte una luz, cuando allí no hay ninguna luz. Aquella luz se movía, bajaba, y de repente otra vez estaba arriba, y bajaba… Di novedades al cabo primero y se rió de mí, y yo dije, bueno, pues serán imaginaciones mías. Pero aquello quedó registrado en el libro de novedades."

Otra de sus declaraciones a Mundo Misterioso fueron las siguientes:

"Cuando acabé la guardia de dos horas me fui a dormir, y después me tocó una patrulla de dos horas también con otro chaval, y teníamos que dar vueltas al refugio".

Los jóvenes soldados iniciaron su patrulla alrededor del refugio con el ánimo intranquilo a causa de lo observado horas antes por Oscar Blasco Calvo:

"Y empezamos a dar vueltas. Mirando los camiones y todo eso, ya 'cagados'…, yo con lo que había visto, 'cagados'… Y comenzamos a inspeccionar la fachada, todas las ventanas estaban cerradas, pues bien ¿no?. Seguimos andando, lo que cuesta dar una vuelta al refugio, siete minutos u ocho, y cuando miramos otra vez todas las ventanas estaban abiertas."

Asombrado, el soldado espetó a su compañero:

"¿Tu lo has visto?". Ante la respuesta afirmativa de éste último, decidieron de mutuo acuerdo dar la vuelta de nuevo. "Dimos otra vuelta, y entonces ¡estaban otra vez cerradas! Estábamos ya jiñados".

También Ángel Civera, joven zaragozano que prestó el servicio militar en el refugio-cuartel de Cerler durante 1994, fue testigo de algún que otro inquietante suceso:


"Yo oí pisadas. Serían las doce y pico de la noche. Aquel día yo fui el último en acostarme y cerré las dos puertas, por lo que sabía que no había nadie levantado. Por lo que es el pasillo donde está la centralita oí pasos. Y no se abrió ninguna puerta ni nada. Allí no había nadie. No había nadie seguro, ya que si no habría oído abrirse la puerta." 

Afirma Ángel que en el cuartel existía un gran interés en el refugio acerca de los supuestos fenómenos que allí tenían lugar. 

"En el refugio conservaban un ejemplar del periódico en el que se hablaba de los fenómenos paranormales que sucedían allí. Cuando lo vi fue la primera vez que tuve conocimiento de lo que allí pasaba." 

Durante el tiempo que él estuvo destinado allí pudo comprobar que no había sido el único en presenciar cosas extrañas: 

"El Cabo furriel, que era quien llevaba las llaves de todo, en ocasiones subía al botiquín y se encontraba las luces encendidas, cuando sólo él podía entrar allí."


Los fenómenos que se producían en el Refugio-Cuartel de Cerler dejaron hace algún tiempo de producirse. Nunca sabremos si fue realidad o fruto de la imaginación o el miedo colectivo de sus moradores.

Fuentes de Datos:
*Iker Jiménez – Cuarto Milenio

Los Cortijos Del Triángulo De La Muerte

 (Cortijo de los Asombros - Imagen de lanillo.com)

Entre del sur de Jaén y el sur de Córdoba está el denominado Triángulo de la Muerte. Sus vértices se encuentran en Alcalá la Real (Jaén), Iznajar (Córdoba), y Priego de Córdoba (Córdoba), y el nombre le viene dado porque dentro de este triángulo se vienen produciendo suicidios que superan cuatro veces la media nacional.

 (Mapa del triángulo de la muerte - Imagen de llanillo.com)

  La mayoría de estos casos de suicidio ocurren desde tiempos antiguos en los cortijos situados dentro de dicha zona. Por distintas causas que se desconocen, las personas que los habitan sienten en un determinado momento la necesidad de quitarse la vida, y una vez que se la han quitado, incitan a sus familiares o amigos a que hagan lo mismo, siendo muchos los fallecidos de la misma forma en estos parajes. Estos sucesos han dado lugar, inevitablemente, a avivar la fantasía de sus habitantes y a crear una serie de leyendas referente a los mismos que la mayoría de las veces cuentan con una gran parte de realidad.
Casi todos estos cortijos se encuentran hoy en día sumidos en un total abandono, bien porque la mayoría de ellos han sucumbido ante el avance tecnológico, o bien, como se cuenta, han sido abandonados por el miedo de sus moradores.

Como quiera que sea, son muchos los casos que se pueden contar sobre estos sucesos y que en su día se hicieron eco entre los vecinos y algunas veces entre la prensa. Sería muy extendido enumerarlos todos, pero sí algunos de los que más expectación crearon.

 (Cortijo abandonado en la serranía de Córdoba)

Una noche calurosa de verano, en un pequeño cortijo situado en las inmediaciones del río Salado (afluente del Genil)  una mujer de unos 40 años disparó sin ningún motivo sobre su hijo de ocho años. Poco después hacía un nudo corredizo a una soga a la par que repetía incansablemente “¡espérame!”, “¡ya voy, ya voy!”. Y a continuación se subió a una silla para pasar el lazo por una de las vigas de madera del techo, colgó el lazo de su cuello y saltó de la silla. Jamás se supo el motivo del asesinato y el suicidio.

El sepulturero del camposanto de Priego de Córdoba, cuenta que cada año entierra a unas diez personas que se han ahorcado o se han pegado un tiro. Añade que en tiempo pasado en este mismo lugar, un hombre de mediana edad se acercaba a la tumba de sus familiares a depositar unas flores. Como quiera que el hombre llevaba allí mucho tiempo arrodillado, el capellán del camposanto se acercó a él a preguntarle si se encontraba bien, a lo que el hombre contestó que se estaba despidiendo de sus familiares, a los que antes de irse dijo: “¡Ahora nos vemos!”, “¡Ya voy!”. Al cabo de un rato se escuchó un disparo. El hombre se había dado un tiro introduciendo una pistola en su boca.

Los Cortijos de la Carrasca y La Lastra

(Cortijo de La Lastra)

Las personas que vivían en los cortijos de La Carrasca y La Lastra, en la localidad de Almensilla, Córdoba,tuvieron unas experiencias para ellos tan traumáticas que difícilmente, los que aún sobreviven, olvidarán. Uno de ellos, el de Las Lastras se encuentra totalmente en ruinas, y según cuentan testigos presenciales, por sus inmediaciones se pasea un anciano de extraña presencia, conocido como “El hombre de las Uñas”, por las largas uñas que luce, que desde tiempos lejanos se muestra a veces a los que por allí transitan causándoles gran espanto.

El Cortijo de los catorce
Uno de los cortijos, con mucho de los más renombrados por este tipo de fenómenos, es el llamado Cortijo de los Catorce, uno de los más grandes y situado en alto.
El Cortijo de lo Catorce recibe su nombre porque en él se ahorcaron uno a uno los catorce miembros de la misma familia, sin que hasta la fecha se sepa la causa por la que se produjeron tan traumáticos hechos.
El primero en ahorcarse fue el padre, que a los pocos días comenzó a llamar a su niño para que se fuera con él. Le contaba que allí se estaba muy a gusto y le incitaba a que se quitara la vida, cosa que no tardó en hacer el pequeño, y que después de muerto comenzó a llamar a otro de sus familiares, y así de unos a otros hasta que todos se quitaron la vida.
Hoy, después del tiempo pasado, aún no existen explicaciones para tan macabros sucesos, pero el recuerdo de los catorce miembros de la misma familia muertos por ahorcamiento voluntario, sigue vivo en aquellos parajes.

El Cortijo de los Asombros
Las Sileras es un pueblo pequeño perdido en la mitad de la sierra cuyas calles generalmente aparecen vacías. Sus vecinos se encuentran la mayor parte del tiempo cobijados en sus casas. A la salida del mismo con dirección a Lucena, camino de la aldea de Zagarilla, por el Carril de Quiroga, se encuentra el Cortijo de Los Asombros, construido en los años 20 del siglo pasado. Según cuentan, sus constructores y la primera familia que habitó dicho cortijo, murió en dramáticas circunstancias ahorcados en las ramas de los árboles que había en la entrada del mismo, y otros en las vigas de madera de las habitaciones de la casa.
Durante la Guerra Civil, el cortijo sirvió como refugio y luego quedó un tiempo abandonado, hasta que una familia adquirió la finca y se fueron a vivir a la misma.

 (Pueblo Las Sileras)

Fue poco después de acomodarse cuando comenzaron a producirse fenómenos extraños: puertas y ventanas que repiqueteaban y se abrían y cerraban solas, una fuerza que abría los establos y empujaba al ganado a salir de allí, mulos de carga nerviosos y reacios a permanecer en el recinto del cortijo. Igual sucedía con los demás animales. La mayoría de los días el grano aparecía esparcido por el suelo de la vivienda, los utensilios de la cocina salían disparados y no cesaban de escucharse voces y susurros.
La tensión que allí se vivía llegó a tal extremo que se requirió la presencia de un sacerdote de Priego a fin de que exhorcisara la casa, pero el exorcismo no tuvo el menor éxito pues tan solo consiguió que los fenómenos cobraran mayor intensidad hasta el punto de tener la familia que regresar a Priego.

 (Cortijo de Los Asombros)

Ni siquiera cesaron cuando hacían los preparativos para la partida. Estando cargando el carro se dieron cuenta de que se les había olvidado el candil enviando a la criada a recogerlo. Cuando llegó al lugar donde debía encontrarse comprobó que allí no estaba, y escuchó como una voz de niña decía “¡No, el candil ya me lo llevo yo!”. Lo que da a pensar que el presunto ente que allí habitaba tenía la intención de partir con ellos.
El cortijo fue posteriormente vendido con miras a efectuar en la zona alojamientos rurales, pero al día de hoy aún no han sido construidos.

Aún hoy son muchas las personas que pasan por las cercanías del mismo y cuentan que se escuchan voces de mujeres llamando a sus maridos, y los más atrevidos que osan penetrar en él, cuentas que se oyen ruidos y algunos que han observado presencias extrañas, historias escalofriantes de las que siempre quedará la duda de su certeza, pero que ceñidas a la humildad de sus narradores, no tendrían que dar ningún lugar de duda a su crédito.

Fuente de Datos:
*Guía Misteriosa de Andalucía Occidental

domingo

El Monasterio Del Diablo


Corría el año 1620 cuando se fundó un monasterio de monjes franciscanos dominicos en la localidad sevillana de Carmona, distante unos cuarenta kilómetros de Sevilla.
El monasterio fue construido como un gran convento sobre un extenso páramo dándosele el nombre de “Huerta de San José” y siempre ha estado rodeado de un aura siniestra y misteriosa.
Sin embargo pocos o casi ningún documento existen en el Archivo Histórico del Ayuntamiento sobre la historia y existencia de este monasterio. Unicamente dos son los manuscrito que lo acreditan, y que han sido recientemente descubiertos.

Hoy en día el monasterio está casi completamente derruido. A duras penas sus paredes logran mantenerse en pie, pero conservan aún parte de la simetría y la altivez que lució antaño.
El entorno parece querer ampararlo y lo cobija sobre un montículo, rodeado de pinares y flores silvestres y una mullida alfombra verde.
En su interior y bajo las bóvedas, las paredes se encuentran profanadas con pintadas satanistas, especialmente en la alacena, donde aún se conservan los anclajes de los ganchos que marcaron al monasterio desde el principio de los tiempos. Casi es imposible andar por su interior sobre un suelo lleno de cascotes, huesos de animales sacrificados y restos de cristales.
 Su tétrico aspecto se recorta en la distancia bajo un cielo vespertino, y nos habla de una historia estremecedora que se produce en la década de 1940. Se cuenta la historia de que en aquellos años, los monjes que habitaban el monasterio vivían inmersos en sus actividades de carácter espiritual a la vez que tenían que conseguirse el sustento cultivando un huerto, criando animales y mendigando limosna y comida por las calles de la localidad y por las fincas y huertas privadas que se encontraban en las cercanías. Pero la tierra se negaba a dar el fruto necesario y la situación de posguerra que vivía el país no era la más adecuada para dar caridades a los frailes, lo cual los llevó a una terrible situación de hambruna. Obnubilados por el hambre, atentaron contra el séptimo mandamiento saliendo durante las noches a robar en las huertas cercanas para sobrevivir.

Se cuenta que al alba regresaban al convento con los harapientos hábitos desgarrados por las dentelladas de los perros de las huertas colindantes, y la carne llena de mordeduras.

Estos hechos fueron reiteradamente denunciados por los hortelanos ante el tribunal eclesiástico, y se ignora si éste ordenó el cierre del mismo, pero lo cierto es que sobre los años 50 el convento fue abandonado sin previo aviso y vendido en 1957 a gente con posibles de Madrid. Los traspasos que se hicieron con carácter privado del mismo a distintos compradores fueron sucesivos, siempre con objeto de no dejar constancia de la titularidad de la edificación o de sus terrenos en ningún registro público.
Se cuenta que dicha venta fue el resultado vengativo de un prior que había sido trasladado al noviciado en contra de su voluntad, y en venganza juró que si algún día ascendía y llegaba a ocupar un alto cargo en la capital de España, vendería el monasterio. Parece ser que llegó a cumplir su amenaza vendiéndolo todo salvo la edificación, que quedó en propiedad de tres monjes, fray Rafael, fray Luis y fray Manuel, quienes con gran esfuerzo lograron recomponer la edificación pero se negaron a su venta.

Sin embargo existe otra leyenda que da otra explicación al abandono del mismo, contada por un mando policial e hijo de alguien que trabajaba en el monasterio en dicha época.
Según esta declaración una mañana aparecieron los cuerpos de varios frailes degollados y colgados en los ganchos existentes en el techo del sótano.
Cuando se conocieron los hechos, la policía se personó en el lugar encontrando a un fraile asustado y escondido en un rincón, declarando que él había sido el causante de la matanza la cual le había sido ordenada por el diablo. Por supuesto a esta declaración no se dio ninguna credibilidad, pues el citado fraile carecía de la constitución física suficiente para llevar a cabo tan macabra acción, por lo que se barajó la posibilidad de que se tratara de asesinatos motivados por las rencillas entre ellos mismos debidas a prácticas homosexuales, una comidilla extendida entre los habitantes de Carmona.

Pocos en aquellas fechas hablaban que en la Huerta de San José habitasen fantasmas o que se produjesen fenómenos extraños, aunque se hacía incapié en lo espeluznante que resultaban los ganchos para colgar comida que existían en la despensa subterránea del convento.

 (Restos de los Ganchos)

La existencia de aquellos tétricos ganchos en el sótano del monasterio corrió por todo el pueblo, siempre con la incertidumbre de la veracidad, hasta que salieron a la luz unos documentos que se encontraban en uno de los archivos históricos. Se trataba de dos manuscritos escritos en castellano antiguo y que fueron traducidos por un investigador.
El contenido de los mismos se detalla en el informe que sobre dicho convento hicieron los investigadores Luis Mariano Fernández, José Manuel García Bautista y Jordi Fernández para su reportaje “El Monasterio del Diablo”.
En uno de ellos se habla de una donación de alimentos, por parte del ayuntamiento, para que los monjes no murieran de hambre. En el otro se narran unos hechos escritos por el Escribano José Díaz Alarcón y contados por el fraile dominico Juan Rodrigo Perea, que en presencia de aguaciles y fuerzas públicas y religiosas, contaba lo que le había ocurrido el día 25 de noviembre de 1680.

("Monje Franciscano"-Realizado en cobre por Octavio Cuellar)

Juan Rodrigo Perea narró que se hizo fraile dominico del convento de San José en el año 1677, y que el 20 de Noviembre de ese mismo año de 1680, entró al convento un aspirante al noviciado llamado Jaime Malvidas, siendo aceptado por la orden con agrado y satisfacción.
Era este aspirante a novicio un hombre alto, de nariz aguileña y cejas muy pobladas, de cara fina que gustaba de la soledad, pues nunca fue visto en compañía de otros novicios ni siquiera en la capilla.
El día 25 de Noviembre de 1680, cuando el dominico que narraba los hecho despertó, no encontró abierta la puerta de su celda como era habitual, pues era la costumbre cerrarla con cerrojo desde fuera después de las vísperas, cuando los dominicos se retiraban al descanso, para ser abiertas desde fuera al día siguiente a la hora del alba.
Pensando que tal vez era más temprano de lo que había creído, nuestro hermano se dedicó a sus oraciones y meditaciones hasta que unos pasos lo sacaron de su misticismo. Era unos pasos débiles que provenían del pasillo y que se detuvieron justo en la puerta de su celda, abriendola de un golpe…pero misteriosamente allí no había nadie. Pensando el hermano que realmente fuera tarde y que la misa ya hubiera empezado, (tal vez se hubiese quedado dormido), salió corriendo hacia la capilla, no sin comprobar antes con sorpresa que todas las puertas de las celdas de sus compañeros, estaban abiertas de par en par.
Cuando llegó a la capilla no encontró a nadie, pero si escuchó unos lamentos que parecían provenir de la cocina. Tal era la intensidad de estos lamentos, que el franciscano llegó a pensar que provenían de su propio interior. Atento quedó unos instantes escuchando para orientarse mejor sobre la procedencia de los mismos y la situó en el sótano, hacia donde se dirigió precipitadamente. Una vez penetró en él la visión que se expuso ante sus ojos fue horripilante. Allí se encontraban, además del Padre Prior, todos los demás frailes colgados de los ganchos donde se solían colgar los jamones y chorizos que los mismos hermanos franciscanos curaban. Había sangre por doquier y nuestro espectador llegó a jurar la presencia de unos seres pequeños, que apiñados alrededor de los cuerpos ya muertos se alimentaban de sus carnes.

De repente todos eso horripilantes seres se reunieron en uno solo y dirigiéndose al fraile le dijo: “te dejo vivir para que proclames mi venida al mundo”. Inmediatamente un fuego se propagó por todo el sótano y en el momento en el que el aterrado fraile salió corriendo la voz le espetó de nuevo: “ve y di que Satán está aquí”.

Nadie creyó al monje, que fue arrestado, después de dar parte a las autoridades y relatar todo lo sucedido. Se procedió entonces al enterramiento de los monjes asesinados en el sótano, hecho que relata el entonces alguacil Alonso Sans de Heredia, y que se vio inmerso en una serie de sucesos inexplicables delante de muchos paisanos de Carmona que acudieron para acompañar a los monjes a su última morada.
Parece ser, y siempre bajo el relato del alguacil, que durante el enterramiento se produjeron fenómenos sobrenaturales: el cielo se oscureció y aparecieron en lo alto dos columnas de fuego, entre medio de las cuales apareció la visión de un rostro horripilante en forma de alimaña. Poco después una luz blanca descendió en un fulminante rayo y de la luz salió otra figura, en esta ocasión más humana, que los hizo salir a todos despavoridos del lugar.

Muchos hombres, armados con cruces y biblias se acercaron al día siguiente al convento derribando las puertas y entraron en la edificación. El diablo estaba sobre la torre observando y hacía allí se dirigió la multitud. Muchos desaparecieron pero la mayoría eran arrojados desde lo alto como si fueran muñecos por un viento y un temblor de tierra que destruyó el convento y a la gran mayoría de los que allí estaban. Una voz tronó aterradora: “perezca todo y todos”.
También se cuenta que posteriormente en el mismo pueblo de Carmona se produjeron más víctimas a manos del diablo, por lo que se decidió a practicar un exorcismo en el lugar, y sembrarlo con sal para alejar al demonio y limpiar de todo mal el lugar sagrado.
Igualmente se ordenaron, mediante una Bula Papal, que durante dos años fueran dadas misas y procesiones por toda la ciudad de Carmona para purgar por sus pecados.
Todo esto se recoge en un documento firmado por el Arzobispo de Jerez de aquel tiempo, lo cual da cierta credibilidad a los sucesos.

La aparición de este manuscrito abre una nueva línea de interrogantes, que seguramente nunca podrán ser aclaradas, pues queda en duda si realmente el convento contaba con un campanario que no volvió a levantarse en la nueva construcción, ni tampoco llegará a saberse nunca si la mala producción de la tierra era debido a que el suelo fue sembrado con sal.
A partir de entonces comenzó a correr el rumor de que tanto en el interior de monasterio derruido, como en los alrededores se escuchaban voces y cantos gregorianos, se visualizaban extrañas luces y algunos que se habían acercado allí durante la noche decían haber observado siluetas fantasmales y siniestras.
El lugar también es usado desde hace tiempo por grupos que bien a través de la ouija o de de ciertos ritos invocan durante las noches a las fuerzas del mal, tomando aún más si cabe el ruinoso convento reputación de maldito.

Muchos son los investigadores, equipados con el instrumental necesario, que se han acercado al lugar para realizar sus investigaciones sobre el terreno, y la mayoría de ellos se han encontrado con resultados sorprendentes y situaciones atípicas e incluso peligrosas, a las que no les han encontrado explicación.
Así por ejemplo, sus grabadoras registran extraños sonidos, y las cámara recogen luces inexplicables.

En una ocasión, encontrándose varios investigadores comprobando todas las estancias del lugar, contaban como al entrar en la habitación del último ala del edificio sintieron al unísono una desagradable sensación, como si se sintiesen vigilados. En determinado momento bajan a la cripta, y cuando deciden salir de ella comienzan a suceder una serie de hechos inquietantes. Observan un resplandor en la habitación del final de ala y se dirigen hacia allí, pero cuando llegan el resplandor ha desaparecido. Se comenzaron a escuchar sonidos extraños, como un arrastrar de pies que se movían lentamente de un lado a otro insistentemente. La temperatura que recogen los aparatos de medición es, en el altar es de -15ºC y observan una silueta luminosa que deambula entre las galerías.
Uno de los investigadores, corre rápido tras la silueta pero antes de llegar a ella sale despedido hacia detrás por una fuerza invisible que lo deja arrodillado en el suelo.
El equipo, aún a pesar de que estaba grabando la experiencia para el programa dirigido en Málaga por Luis Mariano Fernández “Mis Enigmas Favoritos”, decidió abandonar el lugar intuyendo que algo malo podría suceder.

Otros investigadores o aficionados que se han acercado al lugar ha sufrido similares experiencias, como el testimonio que nos hace José Félix Durán, de lo que ocurrió cuando acudió al monasterio a realizar sus investigaciones: “A mí me retiró del mundo de la investigación aquel suceso. Acudimos a investigar llamados por la curiosidad y alentados por la fama del sitio y los programas de misterios. Estando allí comenzamos a sentir ruidos extraños, como golpes, los detectores comenzaron a sonar, no estábamos solos, y de repente comenzamos a sentir pasos que se nos acercaban, así como un lejano murmullo que se fue convirtiendo en una especie de salmo cantado poco a poco… Cuando aquello nos tenía casi cercados salimos como pudimos por uno de los huecos de las ventanas…dejamos allí todo el equipo y nuestras ganas de seguir investigando. Fue algo terrorífico. A Justo, mi compañero, y pese a que han pasado ya cuatro años de aquello, no se le puede mencionar siquiera la experiencia… Fue un shock para todos”.

Al día de hoy las ruinas del Monasterio del Diablo siguen coronando el páramo, recortando su tétrica silueta sobre un cielo del atardecer, tal vez esperando que todo se suma en las penumbras de la noche para comenzar su demoníaca actividad.

lunes

La Casa De Las Sirenas De Sevilla

La Casa de Las Sirenas - Fotografía de Pedro J. Saavedra
Tengo que reconocer que el caso de La Casa de las Sirenas me atrapó desde que tuve noticias de él hace ya algún tiempo, pero los datos, desde que yo tuve conocimiento del mismo, prácticamente no han recopilado más información. La única que existe hasta el momento, (al menos yo no he encontrado nada nuevo), es el proyecto de investigación por parte de Angel Rivero López y que publica en su página web Lo Oculto.

La Casa de Las Sirenas, no ya como misterio sino como edificio o monumento, atrajo mi atención ya desde mi niñez, tal vez por ser uno de los más conocidos de mi ciudad, o tal vez por el aura de misterio de la que siempre estuvo acompañada, sobre todo antes de su restauración, cuando era un pobre y mísero edificio derruido.
Durante un tiempo estuve buscando, a través de hemerotecas de periódicos y de documentos de historia, datos sobre la misma, y desde luego, de La Casa de Las Sirenas tiene tras de sí una larga y profunda historia.

Barón Haussmann

Según una primitiva leyenda, la mansión habría sido ordenada edificar por la princesa Ratazzi, María Letizia Wyse Bonaparte, descendiente de Napoleón, al Barón Haussmann prefecto del Departamento del Sena que en su día recibió el encargo Napoleón III de llevar a cabo un programa de reformas en París, construyendo lujosas mansiones, y creando un nuevo tipo de arquitectura afrancesada que se extendió por otros países, tanto europeos como latinoamericanos, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.
Maria Letizia Wyse Bonaparte
Tal vez la princesa quiso refugiarse en Sevilla una casa semejante al palacio que la cobijó en París y esperar tristemente la muerte viendo pasar tras las vidrieras, berlinas y landós, sombreros, miriñaques y encajes, por los majestuosos paseos que entonces se derrochaban por la Alameda, siendo muy probable que sus lloros y lamentos quedaran apresados entre la nobleza de tan sofisticado edificio.

Sin embargo paralela a esta historia camina otra que cuenta con más fidelidad y credibilidad debido a los documentos y datos que aún se conservan, y que comienza allá por el año 1853.

En aquellos años, la Alameda de Hércules de Sevilla era uno de los lugares más emblemáticos de la capital, lugar de ocio y paseo y donde residía y de daba cita la flor y la nata de la sociedad.
Es por esto que Don Lázaro Fernández de Angulo, Marqués de Esquivel y poderoso terrateniente, poseedor de una de las veinte fortunas más poderosas de la Sevilla de la época, decide construirse una casa-palacio de tipo afrancesado en el citado lugar, entre la Alameda de Hércules y la calle de la Inquisición vieja, solicitando para ellos los servicios del ilustre arquitecto Joaquín Fernández Ayarragaray.
El edificio comenzó a edificarse en 1861, terminándose su construcción en 1864 y se lo bautizó con el nombre de “El Recreo de la Alameda”.
"El Recreo de la Alameda o Casa de Las Sirenas"
Estaba edificado sobre un terreno de mil ochocientos metros cuadrados, de los cuales mil doscientos se destinaron una edificación con techumbre de pizarra de dos plantas más un ático. Contaba con patio central y sendos jardines francesesados, aislados del exterior por un muro culminado por motivos románticos y una rampa que daba acceso al interior, y que soportaban las esfinges de dos sirenas de bronce, y otras menores en la cima de las jambas de esta portada,
que dieron origen al nombre popular con el que ya sería conocido: “La Casa de las Sirenas”.
El conjunto se complementaba con dos edificios anexos que servían a su vez de tapia.
El uso de los mismos era seguramente de caballerizas o apeadero.

Sin embargo el Marqués de Esquivel no vivió en ella más de seis años y procedió a su venta,
pasando por ella diversos dueños, llegando a vivir durante muchos años en ella la familia de la Portilla, una de las más renombradas de entonces.




















Poco a poco la Alameda fue perdiendo el poderío que otrora poseyera, degenerando en la decadencia. Desconozco el motivo por el que la familia Portilla abandonó la mansión allá por los años cincuenta del siglo XX, pero lo que sí se sabe es que La Casa de las Sirenas, al igual que la Alameda, fue decayendo poco a poco, convirtiéndose en casa de citas en la España de la posguerra.
De una manera o de otra, los últimos moradores, tal vez debido a la época de escasez y miseria, tal vez por dejadez, la fueron dejando morir en su abandono, siento total su decadencia posterior a 1980, fecha en la que dejó de estar habitada.

Ya por sobre los años cincuenta, corrían rumores de misterio sobre La Casa de las Sirenas.
Los vecinos colindantes, se hacían confidencias a media voz de ruidos extraños provenientes de la casa, y la chiquillería jugaba a convertirse en valientes e intrépidos capitanes para reptar por sus muros casi derruidos y adentrarse en su lúgubre interior, cubierto de polvo y telarañas, con alguna que otra lámpara modelo Versalles que daba fe de lo que en otro tiempo había sido.

Aún a pesar de tales actos de valentía, siempre salían precipitadamente de la misma, con la cara pálida como la cera, los ojos desmesuradamente abiertos, y sobre todo, presas del miedo y del pánico. Entre ellos se contaban lo que habían visto, lo que habían oído, lo que habían percibido: Etéreas figuras que pululaban por la estancia, golpes provenientes de ningún sitio, sonido de pasos inesistentes e incluso murmullos que se alejaban en el aire.

Las murmuraciones contaban, que debajo de la casa pasaban túneles, y que además en la casa habitaba un fantasma, puede que proveniente de los mismos, o del mismo núcleo de la familia de la Portilla.

La historia provenía de cuando esta familia habitaba en ella. Según decían, uno de sus descendientes podría haber estado confinado dentro de la vivienda hasta el día en que murió. Este descendiente, acomplejado y traumatizado desde su infancia por su condición homosexual, habría optado por llevar una vida de reclusión dentro de su propia casa, autocastigándose por ello. Pero existían otra versión similar aunque con una notable diferencia: el enclaustramiento no había sido voluntario, sino obligado por sus propios familiares, temeroso de que lo que entonces se consideraba una vergüenza saliera a la luz pública, siendo muchos los que afirmaban que además lo mantenían atado para que no se escapase.

Tal vez su muerte fuera natural, tal vez provocada, pero todos entonces aseguraban que el supuesto fantasma que habitaba en las ruinas de la casa era el suyo.

Ya fuera cierto o puro juego de la fantasía, La Casa de las Sirenas siguió manteniendo un cierto aura de misterio hasta el final de sus existencia, cuando ya totalmente derrumbada por falta de asistencia, fue demolida a principios de los años noventa de la pasada centuria y reconstruida nuevamente, fiel réplica del original, majestuosa y altanera, para convertirse en el Centro Cívico Las Sirenas, lugar cultural que ha vuelto a hacer resurgir la sufrida Alameda de Hércules.

La Casa de Las Sirenas ya convertida en Centro Cívico
Pero han vuelto a circular los rumores de que el personal de seguridad del edificio percibía fuerzas extrañas, e incluso alguien aseguró haber visto una figura etérea en las caballerizas.

Tal vez, ahora que están tan en voga las leyendas sobre fantasmas y fenómenos paranormales, estos rumores que resurgen de nuevo sean fruto del deseo popular de devolver de nuevo a La Casa de las Sirenas, el mismo misterio que se le otorgó en otro tiempo, lo mismo que se la ha devuelto la majestuosidad de entonces.

Como quiera que sea, el personal del Centro Cívico guarda silencio y no se pronuncia sobre el tema. No se sabe si porque todo sea una mera leyenda urbana, o porque se vean “obligados” a mantener la boca cerrada.

Fuentes:
*Hemeroteca ABC
*Clamor Popular

viernes

Llantos En La Casa Cuna De Cádiz

A las diez menos cinco de la noche del 18 de agosto de 1947, una tremenda explosión se produce en las inmediaciones de los Astilleros Echevarrieta Larraiga, de Cádiz, una de las empresas más importantes de las construcciones navales, y que daba empleo a la mayor parte de la población andaluza.
En esas fechas, Cádiz era una ciudad que se sobreponía a duras penas de los vestigios dejados por la guerra civil, y que se encontraba inmersa en las penalidades y durezas de la posguerra.

Cádiz - fotografía de Cádiz Fotos blog
La intensidad de la explosión fue de tal magnitud, que se escuchó en varias capitales andaluzas, según los periódicos de la época. Y también según los mismos, las causas fueron debidas a la intensa ola de calor que padecía la ciudad, provocando,las altas temperaturas la explosión de las cargas de profundidad de los submarinos.

Diario "La Vanguardia"- 19/08/1947
La intensa detonación dió de lleno en los Astilleros, el barrio de San Severiano, la Escuela de Torpedistas y la Casa Cuna.
Diario "La Vanguardia" - 20/08/1947



















En cuestión de segundos todo quedó destruído y envuelto en llamas quedando practicamente destruído.
Las víctimas yacían entre el fuego y los escombros, pereciendo miles de ellas, la mayoría, en los lugares apuntados anteriormente, aunque contrariamente, la versión oficial comunicaba que eran poco más de un centenar.

Según documentos antiguos, la Casa Cuna o Casa de Expósitos se fundó como hospicio de la ciudad en el año 1621.
Desde esa fecha allí eran depósitados en los torno por sus madres, los niños recién nacidos a los que renunciaban, bien por ser hijos ilégitimos y según la sociedad de la época, hijos de la vergüenza, o bien por estar las madres imposibilitadas económicamente para mantenerlos. Eran los llamados Niños del Hospicio, criados, cuidados y educados por monjas de la caridad ayudadas por enfermeras, amas de leche y cuidadoras.
La explosión destruyó por complento la Casa Cuna, que a esas horas se encontraba repleta de niños recién acostados, vigilados por las monjitas y por las cuidadores.
Estado en que quedó la Casa Cuna
La mayoría de los niños encontró la muerte bajo los escombros ese fatídico 18 de Agosto de 1947. Perecieron diecinueve muchachos, nueve niñas, doce sirvientas y cinco monjas. Muchos de los cadáveres de niños rescatados no consiguieron ser identificados debido a que sus cuerpos se encontraban aplastados, mutilados e irreconocibles, y fueron enterrados anónimamente en fosas comunes.
Otros nunca llegaron a ser encontrados y se los dió definitivamente por desaparecidos.

Diario "La Vanguardia" - 27/08/1947
Posteriormente se procedió a la total demolición de los restos del edificio y en su lugar se construyó la Institución Generalísimo Franco, que años después paso a llamarse Institución Provincial Gaditana.
Diario "La Vanguardia" - 30/08/1947
Se trataba de un colegio estrictamente femenino y dirigido por religiosas, el cual agogía a alumnas internas y externas. Las alumnas internas pernoctaban en el colegio, y según contaban, los dormitorios estaban ubicados en la zona en la que en su día estuvieron los dormitorios de la Casa Cuna.
Dormitorio de una casa cuna
Ya por enconces las alumnas internas comenzaron a percibir cosas extrañas, sobre todo en las madrugadas, tales como escuchar el llanto de bebés, risas y carreras de niños, presencias extrañas e incluso sombras en las ventanas.

Las monjas llegaron a ponerse realmente nerviosas ante tales acontecimientos, y prohibieron rotundamente los comentarios sobre estos temas, pero aún así las alumnas cuchicheaban y se contaban las experiencias vividas, aun que la mayoría de las veces no les era necesario hablar: la presencia de algo extraño flotaba en el ambiente.

También las alumnas también presenciaron un trágico suceso. En una ocasión, una de ellas salió del comedor tras el almuerzo y se fue directamente a su habitación. Allí, e incomprensiblemente, se precipitó por la ventana. Afortunadamente no sufrió daños mayores, y al ser reprendida ante tal acto, afirmaba rotundamente que fue empujada al vacío, aunque desconocía por qué o por quién.
Las estudiantes eran testigos de puertas que se cerraban solas, fuertes golpes de desconocida procedencia y campanas que sonaban sin que nadie las hiciera sonar. Incluso alguna afirmó ver el espectro de una monja vestida a la antigua usanza en el patio del colegio.

Posteriormente, a principios de la década de los 90, el edificio pasó a ser la sede de Radio Onda Litoral, y los operarios de este medio de comunicación comenzaron a ser testigos de los mismos hechos insólitos. En una ocasión visualizaron, a través del cristal del estudio de grabación, a varios niños ataviados con vestiduras de varias décadas atrás, correr por el pasillo. Extrañados por la presencia de los mismos, salieron del estudio de grabación y encontraron el pasillo completamente vacío. El mismo resultado obtuvieron tras hacer una inspección por todo el edificio.

Hoy día se ubica allí una oficina del INEM, y el mutismo es el denomidador común en el personal del mismo.

No obstante, si se le pregunta a los gaditanos sobre los fenómenos inexplicables en la ciudad, todos hacen referencia a la antigua Casa Cuna.
Según ellos, los niños trágicamente desaparecidos siguen deambulando por el lugar con sus llantos y lamentos, sin encontrar el consuelo ni el descanso que necesitan, aún a pesar de que las mojas que perecieron con ellos, estén donde estén los siguen cuidando.

Fuente de Datos:
* Hemeroteca diario "La Vanguardia"
* Hospitales del terror - Cuarto Milenio

miércoles

Borley, Rectoría Encantada

La rectoría de Borley fue construida en 1863 por el reverendo Henry Bull, en un solar de una zona desolada y poco poblada cerca de la costa este de Inglaterra, en la frontera de Suffolk.
Se trataba de un caserón de 23 habitaciones y en el vivían el reverendo, su esposa y sus 14 hijos.
El edificio fue construido sobre las ruinas de un monasterio benedictino del siglo XIII,
y en donde según contaba la leyenda, se produjeron unos hechos que desencadenaron en tragedia.

Parece ser que un sacerdote del monasterio y una monja del claustro de Bures, situado a 13 kilómetros de distancia, se enamoraron y mantuvieron un apasionado romance.
Atrapados en una situación que les resultaba abrumadora, decidieron huir para vivir intensa y libremente su idilio, pero desgraciadamente sus proyectos no fueron llevados a cabo. En su huida fueron apresados y asesinados salvajemente: él ahorcado, ella emparedada entre los muros del edificio, y el chófer de la carroza en la que escapaban ahorcado.
A partir de este hecho, se comenzaron en el monasterio una serie de apariciones y fenómenos paranormales, entre los que, según los observadores, se podía ver una figura vestida con hábitos religiosos.

Parece ser que el reverendo Henry Bull no se tomó en serio, cuando construía el edificio victoriano, de las advertencias de los lugareños al informarle de que el lugar era considerado embrujado desde muy antiguo.
Sin embargo pasado algunos años, tanto el personal de servicio de la familia, como sus hijos vivieron repetidamente episodios de raps e inexplicables huellas y apariciones de fantasmas, pero Bull se tomaba a broma los hechos. Incluso llegó a construir una casa de veraneo en la propiedad donde poder disfrutar de los puros después de la cena para ver el aspecto de la monja fantasma que andaba cerca.
La Rectoría Borley en 1890
En 1892 murió el reverendo Henry, y su hijo, Harry Bull lo sucedió en el puesto hasta su muerte en 1927. Durante este tiempo siguieron produciéndose hechos inexplicables que fueron corroborados por los vecinos de las localidades colindantes.
Borley en 1910

A la muerte de Harry Bull llego a la rectoría la persona que lo sustituiría y se haría cargo de ella: el sacerdote Eric Smith en compañía de su esposa.

Eric Smith se encontró con una vivienda siniestra, en la que la una intensa actividad paranormal comenzó a hacerles la vida imposible. Se escuchaban ruidos extraños, inexplicables tintineos de campanillas y timbres y sonidos. Se escuchaban pasos en las habitaciones, desaparecían artículos del hogar, los mueblen se desplazaban por el inmueble, se rompían los cristales de las ventanas, caían piedras sobre el tejado y se escuchaban gritos desgarradores y el paso de carruajes inexistentes por el lugar. También se observaba una figura luminosa que llevaba vestimenta de monja.
Dado que la tensión que se producía en la casa iba in crescendo, Smith decidió poner en conocimiento los hechos dándolos a conocer a los periodistas del periódico e Daily Mirror, y fue publicada el 10 de Julio de 1929.

La noticia sobre el embrujamiento del rectorado Borley se extendió por todo el país causando una gran expectación, por lo que el editor de dicho periódico decidió ponerse en contacto con
El parapsicólogo Harry Price, dada la repercusión que el caso había producido.
Harry Price era miembro de la Society Psychal Research y fundador de la National Library of Psychal Research dependiente de la Universidad de Londres. Acudió al lugar de los hechos y empezó a recopilar toda la información posible. Ya en los primeros resultados averiguó que el paraje contaba con un trágico pasado donde la muerte y los incidentes extraños eran una constante.
Harry Price decidió nada más llegar, practicar una sesión espiritista con el fin de aclarar el motivo de las manifestaciones. Participaron en él además de Price, una medium, el reverendo Smith y su esposa, pero el resultado de la sesión no hizo más que empeorar los ánimos, pues durante el transcurso de la misma apareció el espíritu del antiguo regente de la rectoría, el sacerdote Henry Bull, quien informó de todo el terrible pasado del lugar.
Como consecuencia de ello una semana después de la prueba, el párroco Smith y su mujer abandonaron definitivamente la casa y Price tuvo que abandonar sus investigaciones, pues los fenómenos que se producían habían cobrado tal violencia que hacía imposible la vida en la rectoría.

Transcurrió un año hasta que el rectorado fuera ocupado de nuevo, esta vez por el Reverendo Lionel Foyster, primo del fallecido reverendo Bull, y su esposa Marianne.
Con su llegada la actividad paranormal se acrecentó, llegando incluso a poner en peligro la vida de la señora Foyster, cuyo cuerpo fue arrojado de su cama una noche, cacheteado por manos invisibles, y era obligada constantemente a esquivar objetos pesados que volaban por la casa de día y de noche. Incluso una vez estuvo a punto de ser asfixiada por la presión que sobre ella ejercía un colchón que inexplicablemente se posicionó sobre su cuerpo haciendo una fuerte presión sobre ella.
Igualmente se escuchaba el sonar de las campanas, arrastrar de cadenas y se materializaban relojes y monedas.
Mensajes en las paredes
Poco después comenzaron a aparecer una serie de mensajes escritos en las paredes de la casa hechos por manos desconocidas que solicitaban ayuda. Frases como “Marianne, por favor, ayuda”, “Marianne devuélveme la luz a través de oraciones” o “No puedo entender, dime más”.

Ante tales acontecimientos, los servicios del parapsicólogo Price fueron nuevamente requeridos, que acudió junto a dos de sus empleados y un equipo móvil compuesto de todo tipo de instrumentos que le facilitarían el trabajo (cámara cinematográfica, cintas métricas, filtros luminosos y acústicos.)

Durante el tiempo en que Price realizó su trabajo se intensificaron los mensajes, que al parecer, encerraban algún tipo de información especial e incluso profética, tal es el que apareció en una ocasión: “esta casa será pasto de las llamas”.

Debido a que la mayoría de la actividad Poltergeist de los mensajes ocurrió cuando la Sra. Foyster estaba presente, Price llegó a atribuir toda la aparición de los mensajes a ella, aunque independientemente estaba claro que existía la presencia de la monja fantasmal y los otros espectros, así como todos los fenómenos que se producían.
Para él la rectoría no encajaba en las nociones preconcebidas de una casa embrujada. Esta fue una de las razones por las que llegó a ganar mucha reputación.

Marianne Foyster
A pesar que Price sostenía que las causas del fenómeno de los mensajes se centraban alrededor de Marianne, sostenía también la posibilidad de que la presencia etérea del rector se producía como una manifestación de solidaridad a ella por su difícil situación.
En una ocasión transmitió que los mensajes provenían de un joven católico.

Con todas estas pistas se llegaría a la teoría de que tras el misterio Borley se escondía en verdad una terrible historia de asesinato y traición, en la que el personaje principal era una joven monja, y que no se trataba de una leyenda.

Marianne comenzó a sufrir una gran alteración psíquica asediada ante tales acontecimientos, por lo cual el matrimonio abandonó la rectoría en 1935, quedando de nuevo inhabitada, ya que nadie quería vivir entre sus paredes.

Harry Price junto a la familia Foyster
Aprovechando esta circunstancia, el 25 de mayo de 1937 Price puso un anuncio en la columna del Times solicitando investigadores voluntarios para habitar la rectoría y registrar todos los fenómenos que pudieran producirse.

La respuesta fue masiva, y de entre todos los voluntarios Price eligió a más de cuarenta personas y publicó una guía de cómo llevar a cabo una investigación paranormal, entregando una copia a cada investigador y explicando qué hacer cuando los fenómenos se produjesen.
Durante estas investigaciones se produjeron varios avances en las comunicaciones con los espíritus, en una de las cuales, Price recabó el material para resolver el misterio.

En una de las sesiones, un supuesto espíritu llamado Marie Lairre reveló que había sido una monja en Francia, pero había abandonado su convento para casarse con Enrique Waldegrave, miembro de una familia acomodada, cuya casa había estado situada en el sitio de la rectoría Borley. Según reveló, allí, su marido había estrangulado y había enterrado sus restos en el sótano.
Esta historia concordaba con lo revelado anteriormente en las sesiones espiritistas, sobre la mujer emparedada y acrecentaba la teoría de Price de que todo se centraba en la monja, cuyo espíritu reclamaba su eterno descanso.

En 1939, otro morador pasó a tomar posesión de la vivienda, el capitán W.H. Gregson.
El 27 de febrero de 1939, cuando se encontraba desempaquetando libros en la biblioteca cuando una lámpara de aceite se estrelló incomprensiblemente contra el suelo y provocó un violento incendio que se extendió rápidamente y destruyó la rectoría, cumpliéndose así la profecía de “esta casa será pasto de las llamas”.
La Rectoría Borley quemada
Después del incendio se procedió a la demolición del edificio. Durante estas tareas, varios operarios aseguraron haber observado fenómenos paranormales en el lugar, y Price tomó de nuevo cartas en el asunto y aprovechó esta oportunidad para excavar en el sótano de la casa y descubrir unos huesos frágiles que resultaron pertenecer a una mujer joven. ¿Se trataba de los huesos de la joven monja asesinada y emparedada?
El llegó a la definitiva conclusión de que tal y como venía prediciendo, todo giraba en torno a la monja asesinada. Dio cristiana sepultura a sus huesos para proporcionar al espíritu la paz que tanto había buscado y cerró definitivamente el caso.

Todas sus conclusiones fueron recogidas en dos gruesos libros: el primero publicado en 1940 bajo el título The most haunted house in England (La casa más encantada de Inglaterra) y el segundo, The end of Borley rectory (El fin de la rectoría Borley), editado en 1945, tres años después del fallecimiento de Price.

Posteriormente, en 1956, todos estos sucesos fueron puestos en entredicho, y un equipo de investigación solicitó la revisión de los trabajos de Harry Price. Tras años de investigaciones, los resultados fueron publicados, y en los cuales se ratificaba de una intensa actividad paranormal en Borley.

La rectoría de Borley es considerada el lugar más encantado de Inglaterra.

Bibliografía:
* The Enigma of Borley Rectory - Ivan Banks
* Casas encantadas – Francisco Contreras gil

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